EL EXTRAÑO CASO DE LA ARQUETA ASESINA !

 CRÓNICA DE UN ATORAMIENTO DE CAÑO 



Los tórridos días de junio iban pasando lenta y soporiferamente en el tranquilo lugar de O Pombal, donde nunca pasa nada fuera de lo ordinario, hasta que una mañana de finales de mes aconteció lo inesperado. Esa mañana Un Servidor se disponía a dar un baño matinal, los que tanto me gustan, que disponen y relajan a uno para afrontar los quehaceres de un nuevo día. De ese modo me dispuse a llenar la bañera de agua templada (pues el calor de jornadas atrás dejaba a uno sudoroso y apestante incluso al dormirse).

Después del cundido baño y una vez seco y semivestido (con el cuarto de baño a semilimpiar) tiré del tapón correspondiente que acciona el vaciado de la susodicha bañera. Cual fue mi asombro al comprobar que la succión del desague no era suficiente y pávido de terror contemplé cómo el bote sinfónico (que no hace precisamente música) se iba llenando poco a poco arrojando hilos de porquería y objetos varios así como un agua marronácea de características fecales que desprendía un aroma nada apetitoso (según gustos...) Pero la cosa no acabó ahí ya que estupefacto observé cómo el inodoro comenzaba a rebosar de una forma alarmante, gracias a Dios no llegó a más y lentamente descendió a su nivel habitual, subiendo de nuevo medio palmo.

Sonó la voz de alarma y toda la casa acudió corriendo al lugar de los hechos donde se hallaba el escenario del crimen (un resbalón mío y la cosa podía haber sido trágica) Acto seguido todos los allí presentes comenzamos a conspirar unos de otros cual novela de Agatha Cristie para averiguar quien podría haber sido el causante de semejante atasco. Todos éramos potenciales sospechosos, aunque uno de ellos tenía coartada, ese era mi padre, que alegaba no usar casi nunca el aseo principal de la casa ya que el disponía de aseo en su habitación. Aceptado dicho alegato prosiguieron las pesquisas. Yo estaba contra las cuerdas, aunque en silencio, pues días antes había arrojado por el WC restos del agua de San Juan con sus correspondientes residuos florales (no todos, ya que los más voluminosos los había retirado manualmente). La cosa no fue a más, bueno alguna que otra acusación mútua hubo referente a temas pilosos poco agradables a la vista y al tacto.

Consecuentemente los dos cuartos de baño de la casa fueron clausurados durante el tiempo del atoramiento. A decir verdad tenemos la ventaja de que en mi casa hay cuatro cuartos de baño (dos por planta) y uno en el jardín, al lado del cenador, que mi padre había hecho para apretones ocasionales y duchas veraniegas. En todo caso a nadie le gustaba la idea de salir de la vivienda a hacer sus cosas, algo que exigiera mayor desplazamiento del habitual era una medida del todo impopular (comodidades de la sociedad moderna y sus hábitos defecatorios).

Al día siguiente apareció en escena el señor fontanero, que mi padre había llamado la noche anterior. Que emoción ! Iba a presenciar un diagnóstico y un desatascamiento tuberíl de primera categoría. Tras una comprobación de retrete el fontanero dedujo que el problema se situaba en la arqueta principal del desagüe de la vivienda, que debía de estar atorado y que por eso no vaciaba del todo bien.

Ni cortos ni perezosos el fontanero y mi padre se dispusieron a picar el la acera en busca de la tapa de la arqueta, que rapidamente hallaron. Tras un arduo esfuerzo consiguieron levantarla ( pues llevaba años herméticamente cerrada a la luz del sol).

Cual pirata que desentierra un tesoro, cual arqueólogo en la búsqueda de lo escondido mi padre fue subiendo la tapia de cemento, con la ayuda de una palanca hasta conseguir levantarla del todo. Lo que de primeras parecía una gran telaraña marrón se convirtió en un espeso manto de raíces entretejidas que cubría la superficie de la alcantarilla. Eso era el preludio de lo que fue hallado luego. Ávido de valentía mi padre no dudó en introducir la mano en la tubería principal, (o sea la del baño) a la aventura de lo que encontraba. Como era de esperar un mar de raíces y de plantas en descomposición salían de la tubería cual contenedor de compost. A la de tres salió lo más gordo, medio metro de raíz con sus correspondientes restos vegetales adheridos. Detrás de tamaño tapón una marea de aguas fecales inundó la arqueta. Resultaba un espectáculo asombroso. He ahí la causa de todos los males pasados. El típico caso de atranco por raíces. 

¿A quién no le gustaría que de su retrete un día brotase un rosal, una hortensia...? Esto solamente podría pasar en mi casa. Los que la conocen seguro averiguarán el motivo, pues salta a la vista. Una cosa es que mi madre ponga plantas en el baño, pero que las plantas se instalen en el baño voluntariamente ya es un esperpento.
Por otro lado, en la arqueta las raíces encontraban todo el material orgánico que necesitaban para subsistir y crecer bellas y sanas (ya sabeis el secreto de la buena mano de mi madre con las plantas, pero no lo hagais en casa, a riesgo de atasco de caño).

Una vez mi padre limpió concienzudamente la tediosa arqueta, asegurándose de que quedaba asegurada para unos cuantos años más y maldiciendo el cuidado jardín de su esposa prosiguió al cierre de la alcantarilla doméstica y puso fin al maléfico plan de las aguas fecales de invadir nuestra casa y hacerse con nuestros bienes más preciados (nuestros zapatos y zapatillas)
El chupón, imprescindible.

Aquí termina la crónica de un percance doméstico, que muchos de vosotros, queridos lectores habéis vivido con anterioridad. Ahora solo nos queda la eterna duda de si el seguro cubre o no este tipo de incidentes, mientras lo averiguamos espero hayan disfrutado con este relato de tipo escatológico. Pasen un buen verano, y OJO con lo que tiran por el WC !!!
Saludos!




















Comentarios

Vilagonde ha dicho que…
Jejejejeeee... aínda me estou rindo. MOi orixinal !!. Un saúdo.